Por qué duele?

Por qué duele la espalda?

 

No podemos negar que en la actualidad vivimos un mundo visual, un mundo contaminado de imágenes e información que necesariamente debe entrar por los ojos. En el ámbito de la salud nos preocupamos por ver que le sucede al paciente sin poder entender ni saber como interpretar lo que siente.

 

La medicina basada en la evidencia científica pretende comprobar permanentemente, cual es la causa orgánica que genera  dolor,  sufrimiento e impotencia funcional. De este modo “por querer mirar el árbol, quizá no vemos el bosque”.

La columna se mueve, se para, se inclina, se sienta, etc. porque hay un sistema muscular que la estabiliza y a la vez le permite movimiento. Este sistema (el bosque) fue desarrollado para proteger, darle movilidad  y la posibilidad de expresar lo que su conductor, el cerebro; desea. Podríamos decir que es este el que regula cuánta tensión se distribuye, “desde las pestañas hasta las uñas de los pies”.

Nuestro  cerebro a medida que crece y sus ocupaciones aumentan, empieza a desbordarse de responsabilidades y a desatender una de sus funciones primarias que es la regulación y distribución total y equilibrada del tono  o tensión en los músculos. Como consecuencia encuentra lugares de predilección donde acumularla o almacenarla. Este mecanismo, genera daño por compresión (espasmo, contractura, etc.). Sin embargo nuestros músculos se vuelven adictos (a la tensión) sin poder  finalmente, reconocer cual es su tono normal de reposo.

Antes de mover una extremidad o generar una determinada acción, nuestro sistema nervioso intentará darle estabilidad a la columna. Podríamos decir que la misma siempre se anticipa. Tanto en presencia de dolor o debilitamiento muscular, la tensión se concentrará en ese lugar como mecanismo de protección produciendo un aumento del tono de base.

Debemos considerar que un músculo hipertónico se vuelve rígido, acortado y debilitado, y estas características se traducen finalmente, en agotamiento que provocará dolor y probablemente lesión. En la mayoría de las patologías de carácter estructural, “la causa es la disfunción músculo-esquelética y la lesión es secundaria a ella”.

Por lo tanto podríamos hablar de un dolor primario, correspondiente a la presencia de una lesión estructural concreta (daño de tejidos, inflamación, etc.); y otro secundario relacionado a la respuesta antálgica, de protección, generada por nuestro sistema nervioso central.